¿Alguna vez te has descubierto justificando por qué quieres algo mejor? ¿Explicando por qué no vas a conformarte, como si necesitara una defensa?
"No es que sea exigente, es solo que..."
"No quiero sonar demandante, pero..."
"Sé que puede parecer mucho, pero..."
¿Notas el patrón? Nos entrenaron para disculparnos por querer más — como si tener estándares fuera algo que requiere permiso, evidencia, o una excusa.
De dónde viene esto
En algún punto, querer más se rebautizó como arrogancia. La ambición en las relaciones, en el trabajo, en cómo esperas que te traten — todo silenciosamente etiquetado como "demasiado" si eres una mujer que lo dice claramente, sin suavizarlo primero.
Así que aprendimos a suavizarlo todo. A bajar la petición antes de que alguien siquiera tuviera la oportunidad de decir que no. A conformarnos preventivamente, por si acaso querer más nos hacía parecer desagradecidas.
Lo que realmente son los estándares
No son arrogancia. Son información — sobre lo que has decidido que ya no estás dispuesta a aceptar. Un estándar no es una exigencia que le haces a alguien más; es una decisión que tomas sobre ti misma. Sobre lo que permites, y lo que no, sin importar a quién decepcione.
El cambio
No necesitas una explicación bien elaborada para querer que te traten bien. No necesitas probar que mereces respeto antes de esperarlo. No necesitas permiso para querer más de lo que has estado aceptando.
Tener estándares nunca fue el problema. Creer que tenías que justificarlos, sí lo era.
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